La Cámpora cree que Kicillof no quiere el apoyo de Cristina Kirchner y la ruptura es casi irreconciliable

El futuro es totalmente incierto. En el universo del peronismo sobrevuelan muchas hipótesis sobre lo que puede suceder en las elecciones del 2027. Hace algunos meses la que más asidero tenía era la de construir una unidad pragmática para intentar sacar a Javier Milei de la Casa Rosada. En las últimas semanas, y sobre todo en los últimos días, la que gana más peso es la que plantea un escenario donde el peronismo va terminar compitiendo dividido.

El meollo de ese cambio en los análisis de la dirigencia tiene que ver con la fractura del kirchnerismo. Axel Kicillof está de un lado. Cristina y Máximo Kirchner están del otro. Y ya nadie da muestras de querer atravesar esa línea divisoria que parece haber quedado marcada con tinta indeleble. En algún momento existió la convicción. Hoy ya no. Es imposible.

Los movimientos de cada sector van en caminos inversos. Al mismo ritmo que Kicillof decidió, junto a los suyos, utilizar el silencio como una herramienta para dejar que el tiempo pase y la interna no lo desgaste, el cristinismo aumentó la ofensiva, en términos discursivos, y empezó a poner más fuerza sobre el sello de traidor que pesa sobre la figura del ex gobernador.

Una de las últimas teorías que oscilan en el cristinismo tiene que ver con los movimientos de Kicillof en el campo político. En La Cámpora creen que el gobernador no quiere el apoyo de Cristina Kirchner. Que no le interesa su respaldo y que por eso no la visita ni busca tener contactos con sus dirigentes.

Dos hombres sentados en un escenario con un cartel blanco de fondo. Uno bebe agua de una botella y el otro sonríe sosteniendo un micrófonoMáximo Kirchner durante el acto que encabezó en Carmen de Areco. El líder camporista volvió a apuntar contra Kicillof sin nombrarlo

“Axel quiere despegarse todo lo posible de Cristina. No quiere estar identificada con ella. Si él quisiera eso, buscaría el modo para que suceda. Pero no lo hace y muestra lo que quiere”, indicó un dirigente muy cercano a la ex presidenta. El reproche por su decisión de no visitarla en San José 1111 sigue vigente y está latente en la conversación camporista.

En la agrupación de Máximo Kirchner justifican la falta de apoyo a Kicillof en la postura del propio gobernador. Dicen que no lo respaldan porque, en verdad, él no quiere que lo hagan. Sus gestos, sus decisiones y sus palabras tienen otra lógica que, según identifican en territorio ultra K, tiene que ver con salir a buscar el voto no kirchnerista.

“Axel tiene miedo de que le digan kirchnerista. Por eso no va a verla a San José 1111 y por eso toma distancia. La realidad es que él no quiere el apoyo de Cristina y su sector político. No quiere que el apoyo político se identifique con ella”, precisó un camporista que es parte del círculo chico de Máximo Kirchner.

El cristinismo apela a dar vuelta la carga de los hechos. El problema no son ellos que cuestionan a Kicillof, sino que es el Gobernador el que no quiere que realmente lo apoyen. En esa hipótesis el que rompe es el mandatario bonaerense y no Cristina Kirchner. Con ese cotexto, las posibilidades de una tregua son casi nulas y la unidad como una opción real para el 2027 tiene olor a utopía.

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